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Para sanar, hemos de aceptar ese dolor.
Ahora sabemos que está en nosotros y es nuestra oportunidad para iluminarlo.
Hemos de observarlo, iluminarlo con la luz de la plena consciencia; siendo testigos.
Observarlo significa, poner atención en el dolor, sin juicios ni pensamientos, simplemente observarlo y abrazarlo con amor y consciencia.
Podemos decir en nuestro interior: “Dolor, ahora sé que estás ahí, te abrazo con todo mi amor y mi plena consciencia”.

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Destacados, Reflexiones

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