PARABOLA DE LA SAL

Publicado por Elida Bentancor en

El viejo maestro pidió a su joven discípulo que estaba muy triste, que se llenase la mano de sal, colocase la sal en un vaso de agua y bebiese.

¿Cómo sabe? le preguntó el maestro, fuerte y desagradable respondió el joven aprendiz.

El maestro sonrió y le pidió que se llenase la mano de sal nuevamente. Después, lo condujo silenciosamente hasta un lindo lago, donde pidió al joven que derramase la sal.

El viejo Sabio le ordenó entonces, bebe un poco de esta agua.

Mientras el agua se escurría por la barbilla del joven, el maestro le preguntó:

¿Cómo sabe? Agradable, contestó el joven. ¿Sientes el sabor a sal? No, le respondió el joven.

El maestro y el discípulo se sentaron y contemplaron el bonito paisaje.

Después de algunos minutos, el Sabio dijo: El dolor existe, pero el dolor depende de donde lo colocamos. Cuando sientas dolor en tu alma, debes aumentar el sentido de todo lo que está a tu alrededor.

Tenemos que dejar de ser del tamaño de un vaso y convertirnos en un lago grande, amplio y sereno.

AUTOR: ANONIMO


3 commentarios

Ana Lucía Rábago Sayas · 6 julio, 2018 a las 12:04 am

Me encantan todas las publicaciones, siempre muy emotivas que dan paz a nuestra alma en momentos de confusión. Muy asertivas gracias.

Susana María Doris Ballaris · 29 marzo, 2019 a las 12:54 am

Me gusta cuando me dicen cosas que llegan al alma/

    Elida Bentancor · 10 septiembre, 2019 a las 12:55 am

    A mi me gusta llegar al alma de los lectores, como tu, gracias por estar!

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