MI REINO, NO ES DE ESTE MUNDO.

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Cuando pienso en las palabras que pronunció ese hombre llamado Jesús, que vivió en Palestina y que hablaba sobre la ley del amor, siento su vigencia en este tiempo y creo que algunos no lo entendieron todavía. Las religiones siguen hablando de sus milagros y lo glorificaron como el único salvador. Cuando el decía que todos podemos hacer milagros y que todos podemos ser como dios.

Quizás su mensaje no era de estos lares, sino de otro reino, un reino sutil en el corazón del hombre, al que se llega, no por sacrificios y cultos, sino por despertar conciencia hacia un estado superior del ser, en mente, cuerpo y espíritu.

Ese lugar del que hablaba este hijo del hombre, está en nuestro interior y solo el hombre que conecta consigo mismo, que se vacía del mundo, puede vislumbrarlo en su penumbra e iluminarse en el amor.

La mente del hombre le lleva por caminos tortuosos en dudas y pesares;  y el corazón le lleva a conectar con la luz del divino amor  que alumbra esas oscuridades  y que libera de las limitaciones terrenales.

Mi reino, no es de este mundo, dijo el mensajero y después algunos le buscaron causas y lo asesinaron.

Los mismos que lo aplaudían, tuvieron miedo y lo negaron. Lo dejaron solo.

El mensaje de su reino era sobre el amor, que nos amemos todos, como nos ama el Creador.

Todavía no nos amamos todos, pero algunos seguimos creando y seguimos creyendo en un mundo de amor.

 

 

 

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